Pintura y Medicina

Una reflexión para el análisis de la relación entre la pintura y la medicina

La morfología y función del cuerpo humano, en la salud y en la enfermedad, han sido temas de gran interés para las diferentes disciplinas artísticas que, en el caso particular de la pintura, nos han dejado obras de innegable belleza. El presente escrito pretende hacer una muy breve reflexión (que acaso podrá ser más extensa en otros foros) sobre las líneas de análisis que se pueden establecer en el estudio de la relación entre la medicina y la pintura. Dicho análisis podría realizarse –a propuesta del que escribe- a varios niveles, atendiendo a diferentes criterios temáticos y formales, por ejemplo:

1/ Estudiando el cuerpo humano y sus funciones como tema pictórico: desde un abordaje historicista y cronológico, o atendiendo a la clasificación de las principales corrientes pictóricas, en cualquier caso también contextualizadas en un momento histórico particular. Debería analizarse la evolución de la imagen corporal a lo largo de los siglos, las regiones anatómicas representadas, el modo, tono y tratamiento al hacerlo, o la contrastación entre la visión estática o dinámica del cuerpo. Especial interés deberían tener para el estudioso la representación de los desnudos y el estudio de los (auto)retratos. También aquellas acciones representadas de las que pueda derivarse un análisis fisiológico y funcional (por ejemplo, examinando personajes en movimiento). Como es natural, y dado que la pintura es arte y no ciencia, las principales conclusiones se podrían extraer de la periferia corporal: de la morfología y función de la piel, de los sentidos especiales (por ejemplo: ojos-vista, oídoaudición/equilibrio), del sistema musculoesquelético o, tal vez, de los genitales externos, masculinos y femeninos.

2/ Viendo a la pintura como herramienta descriptora de la enfermedad y el sufrimiento: mediante una búsqueda sistemática de los diferentes grupos de enfermedades como, por ejemplo, las de la piel (ejm: dermatitis), las óseas (ejm: acondroplasia), los trastornos neurológicos (ejm: ceguera), psiquiátricos (ejm: esquizofrenia) o las enfermedades infecciosas (ejm: lepra). El foco se fijaría sobre la fidelidad de la patología representada en lo que a la descripción de la misma o sus síntomas se refiere; sobre el contexto situacional y tono utilizado para describir dicha enfermedad; o sobre la visión que en tal época histórica se ofrece del trastorno, observando por ejemplo una posible estigmatización.

3/ Realizando un análisis forense de la muerte y el martirio pictórico: a partir de la observación de cadáveres, cuerpos agonizantes, torturados o heridos. Sin duda la pintura religiosa debería ser la principal fuente a la que acudir: serán sus diferentes Cristos, con las clásicas heridas en pies y manos, piel de la frente y cuero cabelludo, incisión torácica o laceraciones, un buen punto de partida para el análisis forense. Al estudio de la causa de muerte podría añadirse, en este análisis, una búsqueda pormenorizada de signos postmortem como la rigidez corporal, el cambio en la coloración de la piel o la presencia de los “escuadrones de la muerte”. En los martirios podría especularse al respecto del pronóstico de las heridas ocasionadas, de las posibles complicaciones o de la hipotética esperanza de vida: son muchos los santos a lo que acudir.

4/ Considerando al médico y a su actividad profesional dentro de la pintura: en la diagnosis, tratamiento de enfermedades; Igualmente en su labor investigadora de la anatomía/fisiología del cuerpo humano, también de las enfermedades, bien en las tradicionales disecciones, en los quirófanos o en los laboratorios. Puede conseguirse, con este tratamiento, una aproximación parcial de la historia de la medicina. Convendrá analizar las técnicas utilizadas, el instrumental empleado, la relación médico-paciente o los espacios sanitarios (ejm: “casas de locos”). Y habrá que atender no sólo al médico o cirujano, sino también a otros profesionales (o pseudoprofesionales) biosanitarios: como los primeros magos y curanderos, iatroquímicos, farmacéuticos o biólogos.

5/ Siguiendo la inspiración de pintores enfermos sobre su obra, estudiando igualmente cómo las diferentes enfermedades podrían afectar a la creación y ejecución pictórica: fundamentalmente, con la búsqueda de aquellos autores en los que reconocemos una clara enfermedad que ha afectado a su devenir como artistas, viendo en qué modo se refleja en el fondo y forma de sus pinturas. Serán posiblemente las enfermedades psiquiátricas las que nos conduzcan a los artistas más castigados: Van Gogh, Munch o Strindberg, entre otros.

6/ Considerando los posibles beneficios terapéuticos, sensoriales y motores que podrían derivarse del desarrollo de la disciplina pictórica: lo que llevará a analizar la relación medicina-pintura no desde dentro (como hemos venido haciendo hasta ahora, observando temas, tonos y formas) sino hacia afuera: ver si la pintura podría ser utilizada como herramienta terapéutica: en su ideación, ejecución manual o, incluso, en su disfrute estético; Reflexionar sobre las capacidades y habilidades sensoriales, cognitivas, emocionales y motoras que se verían potenciadas con la acción de pensar y sentir en imágenes. Imágenes cuya razón de ser última no es otra que verse plasmadas sobre el lienzo.

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