EL GIRALUNAS EMBRIONARIO

Desde rígidos mapas de realidad, pasando justo por un meridiano llamado Dolor, confeccionan los visionarios melancólicas geografías, marcando con gruesos clavos los puntos geodésicos de su alma…

1

Hay un rincón apartado y oscuro en el bar; allí, un hombre con forma de sombra, desdibujado en la nebulosa de la noche por su etílica hemoglobina, suspira vagamente sobre vasos espumosos, ya malditos, porque al parecer no atrapó caracolas en desiertos. Su virilidad mengua en la madrugada y hace ya algunos sorbos que su atractivo ha caducado: ahora se siente cansado, ebrio y abatido. Sólo le queda la dulce promesa del pedacito de luna plana que sostiene entre los dedos. Se la comerá, le parece la mejor forma de salvar esta noche muerta, triturando con los dientes lo que no pudo ser conquistado por órganos más blandos y sanguíneos.

Ella baila en la pista del mismo bar, perdida, rebotando su cuerpo nocturno sobre hombres con el sexo rígido. Ausente, no sabe hasta qué punto su sensualidad está siendo violada. Todos la gozan sin pedir permiso, miserables esos hombres que rozan sus caderas obscenamente. Sobre su dulce cuerpo de niña vemos manos grandes y velludas que la manipulan dejando una asquerosa huella en la blanca piel de su pecho; vemos, también, besos partidos, y el rastro de dientes feroces en su cuello y en su nuca; lenguas blandas, de hombres malos, que dejan una fétida humedad de babosa y dedos astutos, como anguilas pringosas, que se cuelan por estrechos ángulos friccionando con rudeza su más íntimo secreto. Las sustancias prohibidas y los lobos terribles volvieron a quebrar sus ilusiones románticas: hoy no llegaron tampoco los unicornios azules. Se ha hecho tarde para ella, la luz láctea de las estrellas ya no brillará más en esta apagada noche.

… Sin embargo, a pesar de la férrea norma de esta cartografía, a veces inventan planos mágicos sobre los que ninguna brújula puede gobernar, y van más allá del epicentro de su pesar, volando alto por encima de paisajes infinitos y campos sembrados de corazones y poesía hasta alcanzar otros mundos adyacentes, los nuevos espacios anhelados…

2

Sobre la superficie en calma de la luna llena habita una extraña y misteriosa criatura. Tiene cuerpo flexible de vegetal, sus manos son delicadas hojas y ha cambiado el torso por un fino tallo. Desde su rostro sereno, soñador y evasivo, asoman unos sépalos claramente humanos, como ojos reencarnados queriendo desparramarse lejos en la distancia imposible

de universos infinitos. Anclada sobre este mudo jardín vive la singular flor, bebiéndose la luna con su cuerpo vegetal y robando estelas de cometas y ondas espaciales para su fotosíntesis.

Aunque no tiene lugar entre las mitologías locales de la Tierra, pues inefable es su naturaleza, nosotros le daremos un nombre: se llamará Giralunas. Si su secreto fuera divulgado y puesto en conocimiento en nuestro mundo, sus semejantes, las flores solares, se morirían de pena y llorarían lágrimas pesadas, como de aceite, al descubrir la existencia de un privilegio tan grande para ellas inaccesible. Sentirían por el Giralunas una envidia abrasadora, como el Sol que se les niega; aunque quizás, si conocieran toda la verdad, que el Giralunas no sabe que vive sobre el objeto de su amor, podrían sentirse algo consoladas e incluso hasta se burlarían de su confusión.

De este modo, la hermosa flor nocturna va pasando las noches, descansando ausente sobre el símbolo de la madrugada, y busca serena, contemplativa y ártica, un astro que nunca aparece, blanco y puro como su mirada. Podría ser absolutamente feliz, pues sus raíces se hunden sobre el sentido de su existencia, aunque no puede dejar de sentirse nostálgica porque así le duele: es un Giralunas y son demasiadas las luces claras que brillan sobre el firmamento (…).

(…) Hay un lugar acuático formado por líquidos urgentes, similares a todos aquellos que acompañan los encuentros apasionados de los hombres. Es un océano gigante y caprichoso, redondo como una burbuja, envolvente, o liso y plano sin medida, a veces de horizontes verticales, cerrado y sordo, aunque en ocasiones genera un zumbido íntimo todo en él es mudo, un poco rojo por los lados, parece una víscera hinchada que se expande, negro si es que llora, blando como cuerpos sin esqueleto, nunca duro, de atmósfera vacía, espacial, sin olores, mágico e imposible pues así es tal y como se lo imagina su único habitante. Dicha criatura vive aquí sólo en ocasiones, yendo a la deriva, tranquila y sin temores, utilizando tal océano, por así decir, como residencia de vacaciones. Podría aventurarse que es una mujer si se considera que a veces se distinguen curvas femeninas aunque, en realidad, este habitante suele presentarse como una huidiza escultura sin rasgos definidos, salvo los ojos, derretida, confeccionada con materiales leves y amorosos, por tanto, confusa y desconocida. Tiene algo de criatura acuática, no es de extrañar considerando donde vive, quizá un poco de medusa o un poco de sirena. Se diría que está siempre enamorada, o deseando hacerlo, a juzgar por las señales tiernas, de encuentro, que tan a menudo se dibujan sobre su difusa anatomía. Además, su mirada diamantina no engaña, brilla demasiado, siempre dirigida hacia puntos inexactos que sin embargo ella pinta como una luna blanca, redonda y lisa, siempre igual a sí misma, llena. Continuamente la está mirando, con obsesiva dedicación, hasta tal punto que se diría que todo este fantástico mundo aquí descrito lo inventó para soportar su lunático empeño, para mantener la deliciosa ingenuidad de estar siempre buscando, como ella dice, “a mi amado Giralunas”.

3

La nueva luz de la mañana se derrama sobre dos cuerpos rotos, tendidos blandamente en un parque de ciudad. Son el hombre y la mujer de la noche anterior, todavía sonámbulos y confundidos, dejando escapar lentamente el maleficio de la orgía atragantada. Él ha dejado de llorar, su húmedo pañuelo ya no soporta más el peso de la sal; además, no tiene sentido lamentarse por las promesas incumplidas de las drogas de la noche; sólo ahora ve nítidamente que el claro de luna nunca es lo suficientemente grande como para iluminarle. Ella siente un profundo asco porque todas sus ropas conservan todavía una humedad indecente y templada. El alcohol no hizo más que potenciar su engaño de románticos encuentros en la madrugada. Los hombres malos, astutos como zorros, camuflaron con

adornos, mintiendo dolorosamente, sus oscuras y lascivas intenciones, mostrando sólo a la pobre niña anhelos por ella perseguidos.

Pobres criaturas, tan sólo de pensarlas duele un poco aquí adentro, en un lugar indeterminado entre la espalda y el pecho. Ojalá fuese posible que estas dos tiernas marionetas se encontraran… Él podría prestarle su pañuelo para que se limpiase las manchas del vestido; entonces ella se lo agradecería, le preguntaría después acerca de las lágrimas sobre la tela; él contestaría con timidez, preguntando a su vez qué le pasó aquella noche; ella respondería con vergüenza; él sentiría compasión y pena por la niña, la invitaría a tomar un café; ella aceptaría con una sonrisa… Quizá, empezando de tal modo esta aventura, dejarían de matar sus sueños en los espacios siniestros de los bares, incluso podrían habitar juntos en algún lugar tangente de sus geografías virtuales donde lunas solitarias rigen sobrecogedores océanos en calma, en espacios donde los Giralunas y las criaturas acuáticas se mueren por las ganas de amarse.

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