Sobre un lodazal mullido encuentra el descanso a esa hora malva que marca el cansancio pesado de una huida demasiado larga. Su artillería, insignificantemente ligera, se muestra podrida por la reumática humedad. Debería / podría pasar a la ofensiva, sólo en teoría, superado el ocre de hojas muertas sobre el lecho de barro. Poco peso aparente sobre su cuerpo. Otra bomba más en sus oídos mientras duerme vigilante. Debería / podría despertarse y levantar su paso, correr más lejos, salvarse. Sólo en teoría. Es otoño (sueña). Se congela –y esto parece real-. Está naciendo (sueña otra vez). Es tan joven como Adán; no podría serlo más. Del barro renace (mero sueño, insisto; ella lo sabe también). Ha espantado la desilusión y, en consecuencia -es inmediato el efecto- su leche materna fluye de nuevo desde sus senos colmados de arañazos… Sonríe en sus brazos, de repente.
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