El Último Viaje

El Último Viaje
Sentado en la cama, Lucas miraba sus pies robustos con las venas salientes, y una
imagen perdida le vino a su mente: Su último viaje, como conductor de bus, a la
cordillera los Andes pasando por el puente del Inca.
Se estira en la cama virando su cuerpo hasta tocarse la punta del dedo izquierdo, un
juego que hace con su cuerpo hace años. Sorprendido descubre que en esta ocasión
no lo ha conseguido. Piensa muy compenetrado en su dolor: “Me estaré encogiendo…
mis pies siempre fueron largos y mi cuerpo más flexible como si nada lo pudiese partir.
¿¡Será que algún día veré regresar la vitalidad a mi cuerpo?!…”

“¡Qué mal me siento con todas estas sensaciones encontradas!” – hablaba así Lucas
con su interior. Parado, una visión magnífica le recordó el último viaje en su bus a la
hermosa cadena montañosa solitaria ubicada en los Andes orientales del Perú.

Una Vida En Ruedas

Sus pies y cabeza estaban en ese momento en sintonia total y mostraban bien el
camino de regreso a casa. Hasta se podía dar el lujo de contemplar la belleza del
camino, alimentando su interés por el mundo verde con energías místicas. Estaba

atento a la velocidad, manteniendo sus ojos en la línea del horizonte, apreciando cómo
ella se confunde entre cielo, el ambiente y el hombre.
Su resistencia física y los turistas entrando en su bus eran la mejor sensación de sus
aventuras como conductor de la ruta de los Andes.

Visita Al Medico

Lucas tenía apenas cincuenta y ocho años, tres hijos, y su esposa Inés era un apoyo
constante. Las pérdidas de memoria en sus rutas de viajes se habían hecho muy
frecuentes, así como una pérdida significativa de peso sin razón aparente.
Fue entonces que decidiera enfrentar el diagnóstico final. Llamó a su hijo mayor,
Benjamín, para que le acompañara. Él tenía una relación afectuosa, llena de confianza.
Había heredado la capacidad de ser oportuno. Benjamín desde muy pequeño sabía
usar las palabras adecuadas al momento.

Saber los resultados finales acompañado de Benjamín lo dejaba más calmo. Los
resultados fueron claros; estaba en el inicio de la enfermedad de Alzheimer.
Le fue sugerido el internamiento por un año en la “Villa El Compás” y hacer una
experiencia usando una técnica innovadora: El juego de los temperos, estrategias para
activar las memorias olfativas – una terapia ocupacional adecuada a la fase inicial de
su enfermedad.

Al escuchar la noticia, Lucas sintió un ligero atontamiento y un fuerte dolor en su pecho
lo derrumbó en su silla. A pesar de estar aceptando el tratamiento, la angustia de saber
que su vida como conductor de bus llegaba a su fin lo inmovilizó de la cintura para
abajo, y a pesar de su buena preparación física, la ansiedad le cortó su buena
respiración. Benjamín tomó su iniciativa abrazando a su padre con una mescla de
ternura y tristeza, soltando sus lágrimas. Por suerte, Lucas no las vio correr por detrás
de sus hombros, ni se dio cuenta del rostro preocupado de su hijo…

Chocolate y Menta

Cuando Lucas abrió la puerta central que daba para los jardines de la “Villa El
Compás”, sintió tranquilidad y armonía. El lugar le recordó un momento especial, el
primer viaje en su bus con Inés, y la parada donde comieron juntos un helado
artesanal. La forma como ella saboreaba el helado de chocolate y menta desde ese día
se volvió un recuerdo inolvidable.
Fue entonces cuando ambos decidieron comer juntos el helado preferido por Inés.
– Hijo, quiero guardar este sabor – dijo Lucas – y olvidar por momentos que tengo una
enfermedad que me robará mis mejores recuerdos en familia…
– Padre, el día está a nuestro favor. Hoy vamos a tener un día para recordar, apenas
aquí y ahora…
– Claro hijo, por lo menos hoy ya me siento bien comiendo este cremoso helado de
menta sobre chocolate. ¡Qué grande sorpresa, no pensé que me gustase tanto!

El Dialogo

La familia de Lucas había aprendido mucho con él sobre cómo planear el futuro, pero,
sobre todo, cómo vivir el presente con las cosas buenas que aún restasen. Vender la
casa de sus abuelos, sería una buena alternativa para poder cubrir bien los gastos de
la “Villa El Compás” y las terapias ocupacionales para su tratamiento del Alzheimer.

Ya en casa, Benjamín contó a su familia que el juego de los temperos aromáticos
parecía ser divertido. Se evocan recuerdos ejercitando la memoria sensitiva de
diferentes maneras.
– Por ejemplo, te tapan los ojos y colocan un plato típico de la región, te acercan bien el
aroma para tú poderes descubrir a qué lugar te hace viajar, recordar momentos donde
el paladar tenía algo para contar, a partir de la memoria de los olfatos todos sienten
emociones positivas en grupo.

La “Villa El Compás”

El sol estaba radiante y los focos de luz se habían colado debajo de su puerta,
avisando que Inés y sus tres hijos, Rita, Augusto y Benjamín estaban llegando. Lucas
les dice:
– Vamos a tomar un buen café con biscochos de canela que van ayudar a recordar la
subida al parque nacional Lauca y el lago Chungara donde los turistas curiosos no

paraban de pedirme fotos, en otras veces sujetar una cartera… y el registro de algunos
amigos que me extrañan.
Seguro que las gardenias, las preferidas de Lucas, le van a ayudar a reavivar los
fantásticos momentos sentados en la mesa de la casa del campo cuando los niños
eran pequeños.
– Entre risas y recuerdos los temperos y el olor del mundo verde nos harán sentir vivos
en este mundo perdido de aromas y sentidos – le dice Inés a Lucas.

El olor a las gardenias hace que todo vuelva sin miedo.

 

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