EL ARLEQUIN DEL CABARET DE LOS ASESINOS

EL ARLEQUIN DEL CABARET DE LOS ASESINOS (Ganador Ensayo II Concurso Literario UEM)

El genial pintor Pablo Ruiz Picasso, fue el autor de varios cuadros en los que la figura de Arlequín, aparece como su protagonista. El personaje de Arlequín, probablemente es el más popular de la llamada comedia del arte, aparecida en Italia en el siglo XVI. Aparece como compañero habitual del astuto Brighella y la pícara Colombina, formando el grupo más popular de los llamados «zanni» (criados). La personalidad de Arlequín es un tanto extraña y contrapuesta, en ocasiones es astuto, mientras que en otras se muestra ingenuo, también puede ser indolente, grosero ó incluso cruel. En definitiva, muestra una forma de ser que podría definirse como camaleónica, probablemente hoy día habría sido englobada dentro de los trastornos bipolares de la personalidad. Además, el Arlequín de los “primeros tiempos” era un personaje pobre de solemnidad, cuyo traje estaba realizado a base de retales irregulares, procedentes del aprovechamiento de otras ropas, que en la evolución sufrida por su vestimenta terminan siendo representados por los característicos rombos de colores. Arlequín suele utilizar una máscara síntesis de gato y mono, que resume todas las características del personaje. El último complemento, que casi nunca falta, es un gorro, que unas veces puede ser similar al de Napoleón, otras al de un bufón, y otras a una mezcla de ambos. De alguna manera, las representaciones de su tocado capilar tratan de reflejar las variaciones su controvertida personalidad. La relación entre Picasso y sus Arlequines, podría asociarse a su intento de mostrar su “alter-ego” más acrobático y rebelde, con estados de ánimo cambiantes, algunas veces tapizados por una gran melancolía. Picasso hizo variadas representaciones del personaje de Arlequín, a lo largo de toda su larga y fructífera carrera, desde que, en 1887, siendo aún adolescente entró en contacto con los miembros del circo Tivoli que acampo en Barcelona. La vida cotidiana de payasos y acróbatas, con sus incesantes entrenamientos, y sus vivencias penetraron en el joven Picasso. Pero son sus viajes al Paris en la época los que le hacen decidirse a mezclar los personajes circenses, con los de la Comedia del Arte. A partir de este momento comienzan las representaciones de Arlequín, que se desarrollaran desde su etapa azul, como indicación de tristeza y melancolía, hasta sus etapas rosa, e incluso cubista. En definitiva, el personaje en cuestión hace una entrada triunfal y mantenida a lo largo de la iconografía picassiana. Da la sensación de que Arlequín y Picasso, son siempre la misma persona, y que cuando lo representa le sirve para liberarse de la lucha interior, que Picasso libraba entre lo que era considerado éticamente correcto por la sociedad, y lo que realmente hacía. Y llegados a este punto, creo que puede ser un buen momento para hablar del cuadro, que sirve de motivo y título del presente escrito. El cuadro se le conoce como: “Au Lapin Agille. Los Arlequines también van al café” Fig.1. Revela una historia, que podríamos calificar de auténticamente picassiana, ya que puede servircomo ejemplo de las contradicciones internas, derivadas de las tormentosas relaciones que el genio tuvo con las mujeres, a lo largo de toda su vida. La historia de este cuadro comienza mucho antes de ser pintado. El joven Pablo Ruiz Picasso durante su estancia en Barcelona mantuvo una estrecha amistad con otro pintor y dibujante llamado Carlos Casagemas. Los dos jóvenes compartían pasión por las nuevas tendencias pictóricas que habían surgido en el Paris de comienzos de siglo, como respuesta al clasicismo pictórico predominante, que empezaba a ser cuestionado sobre todo desde el nacimiento de la fotografía.

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Fig.1. “Au Lapin Agille. Los arlequines también van al café”. Cuadro pintado en 1905.
La pintura y el arte en general debían aportar algo más. Las grandes figuras impulsoras de estas nuevas tendencias como Toulouse Lautrec, Van Gogh, o Renoir se encontraban en París. Aprovechando la Exposición Internacional de 1900, ambos amigos viajaron a la capital francesa, en busca de sensaciones de todo tipo. Tras múltiples vicisitudes, terminaron instalándose en el antiguo estudio que el pintor catalán Isidro Nonell tenía en Montmartre. Una vez allí coincidieron con un grupo de pintores, poetas y bohemios, que iban a hacer de París la capital cultural del mundo. Es en este Paris, donde se gestan las vanguardias artísticas del momento, de este modo tuvieron ocasión de relacionarse con personajes de la talla de Juan Gris, Braque, Matisse, Modigliani, Max Jacob, Apollinaire, etc.
En ese mundo de cabarets, bohemia y absenta, es donde se desarrolla el cuadro que nos ocupa. El local en el representado, en la actualidad se le considera el cabaret más antiguo de Paris. Se encuentra situado en pleno barrio de Montmartre,- que fue tomado por artistas poetas y bohemios, porque en ese momento los precios de los alquileres eran mucho más baratos que los del centro de París- . El cabaret recibió el nombre de “El cabaret de los asesinos” puesto que el local original que data de 1860 era conocido como una posada donde concurrían ladrones, y todo tipo de malhechores, de hecho, en sus paredes aparecían representados dos famosos asesinos que fueron guillotinados (Ravaillac y Troppmann). El nombre actual es: “Au Lapin Agille” debido a que el primer propietario encargó allá por el 1875 al caricaturista André Gill un emblema que sirviera de distintivo del local. Gil pintó en el muro exterior un conejo en el momento de escaparse de la cazuela, con lo que el cabaret empezó a ser conocido con el nombre de Lapin á Gill (el conejo de Gil), que enseguida se convirtió en Lapin Agille (el conejo ágil). El local alcanzó su momento de máximo esplendor, cuando estuvo bajo la dirección de un personaje barbudo, bohemio y extrovertido, que aunaba la poesía, la pintura y la música, siempre y cuando tuvieran algún componente contrario a lo socialmente establecido. Se trataba de Fréderich Gérard conocido como Père Frédé Fig.2. Este tenía diferentes mascotas entre las que destacaba un burro que le llamaba “Lolo”. El cuadrúpedo se hizo famoso cuando una pintura realizada con sus coletazos fue presentada en una exposición bajo el nombre Joachim-Raphaël Boronali – un supuesto pintor alternativo-, consiguiendo el apoyo de una parte importante de la crítica. Además, el dueño y su mujer se caracterizaban por dar comida y bebida a muchos de sus “parroquianos” cuando los azares de la vida no les permitían atender sus necesidades mínimas vitales. En agradecimiento muchos de estos artistas regalaban algunas de sus obras que eran colocadas en el local.

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Fig2. El “Pere Frédé” tocando la guitarra en el cabaret de “Au Lapin Agille” a principios del siglo pasado.
Para continuar el relato debemos volver al cuadro, en el fondo del mismo aparece un personaje barbudo con una gorra que ha sido pintado de forma un tanto difusa, con tonalidades marrones, como mero acompañante musical de la escena. Se trata sin duda del Père Frédé,que Picasso utiliza para dar identidad del lugar donde ocurre la escena representada. En el centro del cuadro aparece una bella mujer, pintada con sombrero y tocados de plumas y labios finos pintados con carmín, que ha sido identificada como Germaine Gargallo Fig.3y4. Esta mujer era una bailarina del “Moulin Rouge”, de vida bohemia y disipada, que fue musa, modelo y principal preocupación del gran amigo de Picasso, Carlos Casagemas. De algún modo fue la protagonista de una tragedia, que afectó profundamente a Picasso. Casagemas, estuvo durante toda su vida parisina perdidamente enamorado de la cabaretera, pero a esta la gustaba su vida liberal sin ataduras, rechazando en varias ocasiones las ofertas de casamiento realizadas por el pintor. Picasso, que se daba cuenta de lo mal que lo estaba pasando su amigo, captó las malas sensaciones y nubarrones que sobrevolaban sobre su inseparable colega, e intentó separarlo de París, para ello se lo llevo en Navidad a Málaga. Pero Casagemas estaba tan obsesionado por Germanie que volvió pronto a París, donde le esperaba su trágico final. Los hechos ocurrieron una tarde de 1901 en la que Casagemas se había reunido en el parisino Café Hipódromo para cenar con Germanie y su hermana Odette, junto a otros amigos españoles. Cuando la cena había ya comenzado, de repente surgió un fuerte discusión entre el enamorado y su modelo, que hizo que este bruscamente sacara un revolver y la disparara mientras gritaba “esto es para ti”. Por suerte uno de los asistentes consiguió mover el brazo del pintor cuando estaba disparando. La bailarina cayo desmayada pero ilesa. Al ver a su amada en el suelo, Casagemas pensó que su tiro había sido certero, con lo que apuntó el revolver sobre su sien y diciendo: “esto es para mí”, se descerrajó un tiro. Todos estos hechos ocurrieron en ausencia de Pablo Picasso, que se encontraba en España.
No se sabe él por qué, tal vez le llegó muy tarde la noticia, o quizá no quiso asistir, pero lo cierto es que Picasso no estuvo en el entierro de su amigo.

figura 3
Fig.3. Retrato de Germanie Gargallo. Pintado por Picasso en 1900. Se puede apreciar la clara influencia de Renoir en esta pintura.

Figura 4
Fig.4. Germanie Gargallo dibujada por Casagemas,. Aparece muy evidente la influencia de Toulouse Lautrec en el dibujo.
Sin embargo, esta muerte le afectó profundamente hasta el punto de utilizar para calmar su zozobra interior, la mejor herramienta que poseía desde su más tierna infancia, me refiero a la pintura. De hecho, realizó al menos tres cuadros relacionados directamente con la muerte de su entrañable y querido amigo. Los tres cuadros están pintados en 1901. Dos de ellos representan la cara del cadáver de perfil, mostrando en la sien la marca del disparo. Ambos cuadros están claramente influenciados por la figura de Van Gogh, pues muestran un marcado aire impresionista. En uno de ellos, aparece la luz de una vela, que adquiere gran protagonismo, como si Picasso quisiera plasmar lo efímero de la vida, que inexorablemente termina consumida como la cera. En este caso la vela alumbra bastante y es pintada con colores bien vivos Fig.5. Es probable que quisiera reflejar que su amigo había abandonado este mundo cuando estaba comenzando a alumbrar su vida, o por qué no, que la luz de su recuerdo permanecería siempre. En el segundo óleo, pintado sobre cartón junto al estilo impresionista ya comentado resalta sus tonalidades azules, verdosas y grises, que logran transmitir un aire ciertamente tenebrista y de tristeza, que enseguida fue llevado a casi todos los cuadros pintados en ese periodo, que ha venido siendo llamado- por los estudiosos del arte del genio -como etapa azul Fig.6 .

Figura 5
Fig.5. La muerte de Casagemas, París, 1901, Musée National Picasso, París.

Figura 6
Fig.6. Casagemas en su ataúd óleo sobre cartón 1901 colección privada. 7

 

El tercer cuadro, se refiere al entierro de Casagemas. Se trata de un cuadro cuyas tonalidades cumplen sobradamente todo lo apuntado a cerca del periodo azul picassiano, pero que está claramente inspirado en el entierro del Conde Orgaz del Greco Fig.7. De este modo Picasso trata de homenajear de una forma más solemne la muerte de su amigo. También quiere reflejar la enorme tristeza en la que tal acontecimiento. En el mismo cuadro casi todos los hombres del entierro del Señor de Orgaz, han sido sustituidos por mujeres. En la parte baja actuando como plañideras, vestidas con túnicas, mientras que en las zonas medias y superiores del cuadro las mujeres aparecen desnudas con medias, representando a prostitutas, que se encuentran junto a un caballo blanco que parece querer subir hacia el cielo llevando “el alma de Casagemas”. El cuadro en cuestión podría ser una alegoría a la causa de su muerte.

figura 7afigura 7b
Fig.7. Funeral de Casagemas, óleo sobre lienzo pintado por Picasso en 1901 en París- Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris. Al lado el entierro del Señor de Orgaz pintado por el Greco entre 1586-1588. Expuesto en la Iglesia de Santo Tomé de Toledo. Aparece clara la influencia sobre el cuadro de Picasso.
Picasso nunca pudo entender como su amigo pudo perder la vida por el amor a una mujer, que no le correspondía. Lo más curioso y contradictorio del suceso comentado, fue como tres meses después de la muerte de su amigo, Picasso regresa a París, donde ocupa el estudio del difunto, e inicia una relación personal con Germaine, algo que podría ser más propio de su alter-ego, – Arlequín-, que de un genio de la pintura abrumado por la muerte de su gran amigo.
La relación de Picasso con Germaine, debió durar bastante tiempo, puesto que el cuadro que nos ocupa fue pintado en 1905, ya comenzado el periodo rosa, en el que los colores se hacen más vivos. Los rojos y rosas comienzan a predominar en sus cuadros. Casi sin darnos cuenta hemos llegado al tercer personaje del cuadro “Arlequín”. Sin duda es un auto-retrato de Picasso en el que se viste totalmente con los atributos más clásicos del personaje representado. En él aparece como ensimismado, tras haber consumido algún licor, nada parece importarle, ni la música del Pére Frede; ni la presencia de la bella Germanie, que, por otro lado, también parece totalmente al margen de los pensamientos melancólicos de Arlequín. Picasso, quizá esta recordando que la causa de la muerte de Casagemas, se encuentra junto a él en forma de mujer. La soledad y el desencuentro parecen haberse apropiado de ambos personajes. En esa época Picasso acababa de conocer a Fernande Olivier Fig.8, uno de sus primeros amores que tuvo cierta importancia cuando posaba como modelo en su estudio del “Bateau-Lavoir”. Es muy probable, que terminara el cuadro, a modo de homenaje de despedida a la simpar Germanie. En fin, mediante estas líneas, a través de los cuadros comentados, he tratado de plasmar la difícil personalidad de un personaje tan reconocido y admirado como Pablo Ruiz Picasso, que sin embargo presenta grandes claro- oscuros, especialmente en su relación con las mujeres que lo rodearon. Era como si una permanente lucha entre odio/admiración, se hubiera estado desarrollando en su interior desde su adolescencia hasta su edad más avanzada, en la que el genio continuaba siendo un conquistador indomable de la figura femenina.

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Fig.8. Fernande Olivier, que fue coreógrafa y pintora en la época que posaba como modelo.

 

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