La fiesta de cumpleaños de la Insulina

En la comida dominical en que se juntaban las familias de la Acarbosa, la Metformina y la Glipizida, la primera dijo:

-¿Sabéis que la abuela va a cumplir 100 años?

-¿Tan vieja es la Insulina?-, preguntó la Glipizida.

-Sí. Podríamos organizar una fiesta para celebrarlos-, respondió la Metformina.

Los más jóvenes del grupo, Rosiglitazona y Repaglinida, saltaron entusiasmados ante la noticia.

Decidieron invitar a la fiesta a todos los fármacos, sin distinción de laboratorios, dosis de administración, efectos secundarios o edad, incluso invitaron a los más viejos del lugar entre los que destacaron grandes matriarcas como la Aspirina, la Digoxina y la Penicilina.

Todos recibieron una invitación personalizada donde se les indicaba el lugar (la casa de la Metformina) y el horario: 20:00 del sábado 7 de julio.

Con gran puntualidad la mayoría de los invitados llegaron a horario, salvo el Acenocumarol y su esposa la Warfarina, que por culpa de pasar a recoger a la Vitamina K, que tardó mucho en prepararse, llegaron con 15 minutos de retraso por problemas de circulación. Cuando llegó la Insulina, la ovación fue mayúscula. Ella que no pierde actividad a pesar de los años, estuvo muy activa pinchando a los más jóvenes para que bailaran.

La fiesta consistió en unos canapés, tarta y posteriormente con baile incluido. Había una gran cantidad de pastillas, píldoras, comprimidos, cápsulas, grageas e incluso viales y supositorios.

Los que más comieron fueron el Omeprazol y la Ranitidina, ya que todo el mundo sabe a ellos les sienta todo bien. Por otro lado, algunos se encontraban a dieta y comieron poco o seleccionado como fueron el caso de la Atorvastatina y el Alopurinol. Respecto al alcohol, los más activos fueron el trio formado por la Vitamina B1, B6 y B12.

Durante el ágape, se formaron corrillos en los que algunos hablaban y otros intentaban ligar. El Atenolol, un tipo muy tranquilo y con gran temple, no paró de contar chistes a la Furosemida y al Manitol que no dejaron de mearse de la risa toda la velada. El Enalapril y el Valsartán charlaron amenamente sin presiones toda la velada.

Cuando acabó el ágape, comenzó el baile. En las canciones de música disco, los más bailongos fueron la Adrenalina, La L-Tiroxina y la Atropina que no pararon de mover el esqueleto durante toda la noche. ¡Qué vitalidad! El ruido era ensordecedor y produjo cefalea en la Aspirina, que por su edad, no estaba habituada a tanto jaleo.

Con tanta agitación, la temperatura ambiental fue en aumento. El Salbutamol y el Fenoterol decidieron abrir las ventanas para que entrara aire fresco. A pesar de ello, dado que la temperatura exterior era muy alta, el Paracetamol y el Ketoprofeno decidieron cerrar las ventanas y encendieron el aire acondicionado para rebajar la temperatura ambiente

La música movida alternaba con periodos de baladas. En ese momento, el Propranolol fue el que seleccionó la música. Cuando empezó la música lenta, algunas parejas saltaron rápidamente a la improvisada pista de baile. Entre ellas destacaban por su compenetración el Acenocumarol y la vitamina K, el Paracetamol y la Cisteina, el Fentanilo y la Naloxona. Podríamos decir que los opuestos se atraen.

Los primos, Lormetazepam y Diazepam, bebieron demasiado vino por lo se quedaron dormidos al principio del baile.

Y el baile duró hasta altas horas de la madrugada.

Al final de la fiesta, se quedaron a limpiarlo todo los de siempre: Cisteína, Lactulosa y Furosemida. Al otro día, cuando ya todos se habían ido, golpearon la puerta y apareció una pastilla.

-Vengo a la fiesta– dijo.

-Pero la fiesta fue ayer- le respondió la anfitriona, la metformina-. ¿Y tú quién eres?

-Levonorgestrel me llamo. Soy la píldora del día después.

 

Compartir esto
Cargar más publicaciones relacionadas
Cargar más publicaciones de Emilio Pintor
Cargar más en Cuento / Microrrelato

Dejar una respuesta

Tu correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados *

Buscador

Ediciones de Revistas