
Figura 1. Visión general del cuadro.

Figura 2. Triángulo de confluencia sobre el pintor representado en el cuadro.

Figura 3. Detalle de la firma del cuadro.

Figura 4. Gorro Kipá con adornos.

Figura 5. Detalle del pintor y su caballete.
OPINIONES DEL PINTOR RAMON SOBERON Y DEL LICENCIADO EN HISTORIA DEL ARTE JORGE MAYA MANZANO.
En mi búsqueda de una aproximación a la realidad del cuadro, subí una foto general del mismo en mi página de Facebook. Junto a ella escribí una solicitud de ayuda destinada a todo aquel amigo que me pudiera aportar algún detalle sobre la obra. Al mismo tiempo, adjuntaba algunas de las ideas que me han impulsado a realizar el análisis del cuadro. De todos los comentarios he optado por seleccionar aquellos que de algún modo pueden complementar o enriquecer este ensayo. Me han respondido de forma dialogada a mis planteamientos del siguiente modo :Ramón Soberón Gomez-palacio:
Si esto fuera así, lógicamente obedecería a alguna obra inspirada en esa época ya que me indicas que está datada en 1934, por lo tanto totalmente alejada temporalmente de la situación. También podría ser un trabajo original desarrollando ese estilo rococó, como una especie de práctica, o una copia de alguna de las obras o algún dibujo o postal tan propios de esos años 30.
Jorge Maya Manzano: Por lo que comentáis, creo que puede tratarse, como bien dice Ramón, de un ejercicio copiado de una estampa, grabado o ilustración. La escena transcurre en el siglo XVIII como bien habéis comentado debido a la moda que presentan los personajes, conRespecto a la idea de la obra, creo que se trata de la exaltación de algún pintor del siglo al que ya nos hemos referido, en la que se nos refiere algún elementos anecdótico del pintor. Este tipo de obras empezaron a aparecer con el Romanticismo que exaltaba la idea de genialidad de un artista del pasado, y que fueron muy cultivadas a finales del XIX y principios del XX en la llamada pintura neo romana: http://tulisayoconda.files.wordpress.com/…/0350- cesare3… El encontrarnos a un pintor sentado con el caballete pintando del natural es algo excepcional en cualquier punto anterior al siglo XIX. Hasta la llegada del Impresionismo, los pintores tomaban apuntes en un cuaderno y realizaban sus obras en su estudio, por lo que encontrarnos a un artista pintando un paisaje en la calle, para la época se trataba de una excentricidad .Para ser un pintor del siglo XIX da muestras de un artista adelantado a su tiempo. Todo este tipo de “anecdotillas” suelen venir referidas en los compendios de vidas de pintores y artistas de un determinado territorio, que siguen las «Vidas» de los mismos como es el caso de Giorgio Vasari en lo que respecta a las vidas de los artistas del renacimiento. He tratado de buscar alguna fuente semejante al Vasari encontrando en el siglo XVIII y referido a los pintores flamencos en la obra de Arnold Houbraken «El gran teatro de los artistas y pintores neerlandeses, 1718–1721» donde quizás podríamos encontrar alguna pista. De nuevo nos encontramos con el problema de siempre: Solo está en holandés. Por el aspecto del pintor representado y afinando mucho, creo que se da un aire a un maduro Vermeer de Delft cuya obra comenzó a ser apreciada a principios del XIX. Respecto al paisaje que vemos en la obra, con esa combinación de masas vegetales que contrastan con las edificaciones creo que podría tratarse de Meindert Hoobema, del cual no he sido capaz de encontrar un retrato. Otro problema que encontramos es que en la fotografía apenas se puede visualizar bien la obra que está realizando el artista. Aun así espero haberos resultado de alguna ayuda.
Ramón Soberón Gomez-palacio: La obra original o lo que representa, yo lo situaría más en Francia, los tejados negros, el tejado de la iglesia, muy agudo, así como el resto de construcciones, no sé, quizás en la zona de la Bretaña. Por otra parte, la vestimenta de los cortesanos es más propia del Rococó. Nos situamos en el intermedio del S. XVIII y la figura de la criada como primer espectador, así como el hecho de que el pintor también digamos que sea la otra figura modesta en cuanto atuendo de la obra, no le encontraría sentido, si no es que se tratara de una relación de parentesco entre ambos ya que ésta le mira con fijación más allá de la pura observación, tal y como si tuviera un interés importante en cuanto a que el trabajo que se realizara fuera del agrado de sus señores. Señores que a su vez observan con curiosidad desenfadada, frente a la seriedad en la actitud del pintor y de la sirvienta. Todo ello se puedeEn definitiva, el cuadro sigue por el momento rodeado del misterio y del atractivo que para mí siempre tuvo, aunque al menos su contextualización y estudio creo que han enriquecido mi visión del mismo. En cualquier caso, pienso que continuaré disfrutando de él en el salón de mi casa.
AGRADECIMIENTOS
Debo expresar mi agradecimiento por sus aportaciones al ilustre pintor Ramón Soberón-Palacios. También al licenciado en Historia del Arte Jorge Maya Manzano, por su contribución a una comprensión del cuadro mucho más abierta.