Microrrelato doble narrador

Era una noche fría de otoño. Las voces que se oían en las calles se perdían con el ruido de los coches y las sirenas. La ciudad dormía hundida en niebla. Entre las calles frías de ésta estaba el callejón, iluminado únicamente por una farola torcida de luz tenue y amarillenta que parpadeaba dejando entrever unas bolsas de basura y unas grietas que crecían en las paredes de los edificios ennegrecidos. «Entré en el callejón, asustada. Por un momento una tranquilidad inocente se apoderó de mi hasta que volví a escuchar sus pasos y eché a correr de nuevo, ahora desesperadamente.» El solitario callejón fue frecuentado esa noche por una joven sin nombre, de cuya historia no sabemos nada salvo el final. La seguían. «Corrí hasta darme cuenta de que el callejón no tenía salida. Sentí el latir de mi corazón, la sangre apretaba mis venas y el me faltaba el aire, casi no podía respirar. Todo se volvió borroso, no sabía hacia donde correr. La impotencia y la ansiedad me impedían razonar.» La joven sin nombre se paró en seco, confusa. Parecía necesitar inhalar todo el aire sucio de la ciudad. Despeinada, cansada, perdida. La figura que la seguía emergió sigilosa de las entrañas del callejón. Un resplandor brilló chirriante en la negrura. «Me di cuenta, se acababa. Las lágrimas incontroladas empezaron nublarme la vista, poco después comenzaron a deslizarse por mis mejillas, tibias y saladas. Tengo frío, cierro los ojos y aprieto mis brazos cansados contra mi pecho, abrazándome, protegiéndome. El corazón acelerado ahora late tan despacio que siento los segundos eternos y pesados vencer mi esperanza. Exhalo vapor. Un susurro cálido y cruel en mi cuello, sus brazos me agarran presionándome fuertemente el vientre. No tengo aire, abro los ojos, la luz amarilla, todo borroso…. Y miro desafiante al cielo.» Un grito ahogado resonó entre las paredes sucias del callejón. La ciudad sigue durmiendo, la farola ilumina tristemente con su luz amarillenta que parpadea y deja entrever unas bolsas de basura manchadas de sangre. El cuerpo yace entre las hojas caídas, aún está caliente.
Silencio.

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