Reflexiones nocturnas

Creo en las piedras viejas, en los cuadros oscuros y en los atardeceres sobre el mar. Creo que las personas pueden cambiar, que no todo el mundo es tan malo como cuenta, que el mundo puede ser un poquito mejor. Creo que viajar puede mejorar y moldear a la persona y aportarle más cultura; por eso, si alguien me pregunta por qué viajo, me encantaría poder responderles que sé que huyo, pero ignoro lo que busco.

Hay momentos en los que quieres respirar, que no te miren, no te pregunten, no te hablen, simplemente estar sentado en el suelo tranquilo y que esta sensación te haga viajar y explorar el centro de tu propio laberinto. La Naturaleza atrae a todos aquellos que se sienten asqueados o que están hartos del hombre y sus creaciones. Ésta no sólo ofrece una escapatoria de la sociedad sino que representa un escenario ideal para aquel individuo romántico que quiera practicar el culto del alma que con frecuencia lo caracteriza. Tolstoi tenía razón al decir que “la única felicidad segura en la vida es la de vivir para los demás”; vivir por y para ellos en su propio ambiente. La naturaleza no es el jardín de los hombres, es una esfera repleta de barrizales, vegetación y animales movidos por el instinto. Me gusta caminar por él con la cabeza gacha a modo de reverencia.

Una reciente expedición a África, personalmente, me ha enseñado que la aventura no es el viaje propiamente dicho, si no que comienza al llegar a casa. Me fascinan cosas que antes apenas percibía. Odio mil cosas más por el mero hecho de que a mí me sobre y a otros les falte tanto. Acostumbrada a la naturaleza, las calles son muy estrechas. Acostumbrada a la soledad del desierto, la gente de la ciudad de agobia. Acostumbrada al suelo, la cama me duele. Acostumbrada a pasar hambre, el exceso de comida me produce malestar. En general, después de haber probado el sabor, olor, color y amabilidad de África, me siento vacía. Debo llenar este vacío que han dejado niños, beréberes y sobretodo esas 152 huellas que por desierto me acompañaron; esas sonrisas perpetuas, y esas personas que espero nunca olvidar.
África, volveré.

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