Principios del siglo XX, época marcada por las guerras, hambruna, epidemias y muchas muertes; una época donde los seres humanos se creían tenerlo todo bajo su control, dominando sobre el resto de especies. Pero lo que no sabían, era que aproximadamente el 85% de las muertes por enfermedad, lo causaba un microorganismo casi imperceptible, el Staphylococcus aureus.
En 1928, el científico Alexander Fleming, realizando un experimento en su laboratorio, descubrió, casi sin quererlo, la solución a muchas de las infecciones que tantas muertes causaban: la penicilina, un antibiótico, perteneciente al grupo de los β-Lactámicos.
Con este descubrimiento, se piensa que las epidemias por infecciones están controladas, incluso que pueden llegar a erradicarse, pero aparece otro problema, la llamada resistencia a los antibióticos.
La resistencia es la capacidad que desarrolla una bacteria de sobrevivir a un antibiótico, lo cual dificulta mucho su eliminación y supone un problema de salud pública, ya que los pacientes no responden al tratamiento, y puede llegar a ocasionarles la muerte.
En los últimos años, esta resistencia se está agravando debido a la mala utilización de los antibióticos, ya sea por una administración excesiva, por tomarlos sin ser necesarios, o por no seguir adecuadamente el tratamiento.
Se han visto casos, como el de la Stenotrophomona, bacteria Gram – , que se ha hecho resistente a los antibióticos β-Lactámicos. Tras muchas pruebas, ninguno de los antibióticos utilizados dio resultado, siendo esta bacteria resistente a todos ellos. El único al que no mostró resistencia, fue la Colistina, un antibiótico que había dejado de utilizarse porque causaba nefrotoxicidad.
Otro microorganismo interesante de mencionar, es la Klebsiella Pneumoniae, bacteria Gram negativo que se ha hecho multirresistente, incluso a los carbapenemas, ya que ha desarrollado carbapenemasas.
Al ser las dos bacterias Gram -, son resistentes por naturaleza a los glucopéptidos, por lo que dificulta encontrar un tratamiento eficaz.
Estas resistencias, favorecen que se dé una septicemia, ya que implican más horas de investigación, mientras que el microorganismo sigue infectando las células del paciente. Las consecuencias de una septicemia, pueden ser nefastas, tales como endocarditis, osteomielitis o meningitis.
En conclusión, el mal uso de los antibióticos, no afectan sólo a la persona que los utiliza, sino a toda la población, provocando que las bacterias se vuelvan resistentes y dificultando su erradicación.
Jesús Giménez Gutiérrez
Carmen del Pozo Diez
Marta Bru Aparicio