Durante los últimos años se han incrementado las enfermedades infecciosas debido a la resistencia contra las bacterias.
Con frecuencia, las infecciones causadas por microorganismos resistentes no responden al tratamiento ordinario, lo que da lugar a una enfermedad prolongada, mayor riesgo de defunción y costes más elevados. Esto se debe a las inapropiadas prácticas para el control de las infecciones, que propician la propagación de la resistencia a los antimicrobianos.
El uso reiterado e incorrecto de los antibióticos es la causa principal del aumento de las bacterias resistentes a los medicamentos, ya que los antibióticos actúan contra las bacterias, pero no contra los virus; es decir, no todas las infecciones se curan o se tratan con antibióticos, depende del microorganismo causante de la enfermedad…
¿A qué se debe este fenómeno?
La resistencia a los antibióticos ocurre cuando las bacterias sufren ciertas transformaciones que reducen o eliminan la eficacia de los medicamentos, las sustancias químicas u otros agentes producidos para curar o prevenir las infecciones. Las bacterias sobreviven y siguen multiplicándose, y causando más daño.
El problema de las resistencias es un motivo de preocupación mundial:
La resistencia a los antimicrobianos supone un riesgo para los logros de la medicina actual, ya que sin antimicrobianos eficaces para tratar y prevenir infecciones, se pondrían en peligro los procesos clínicos que, hasta ahora, hemos conseguido.
Este problema no entiende de edades, por lo que afecta de manera importante al enfermo de la edad que sea y, por tanto, a su familia.
Los casos en los que el sufrimiento familiar puede ser muy significativo son las infecciones graves en niños pequeños.
Estas bacterias resistentes a los antibióticos pueden propagarse rápidamente entre los miembros de una familia, los compañeros y el trabajo, y amenazan a la comunidad con enfermedades infecciosas, por lo que es de especial importancia la necesidad de mantener una buena higiene y sobre todo lavar las manos con frecuencia, especialmente en ambiente sanitario o en el trato con enfermos.
Cabe destacar que ante posible sospecha de infección, es recomendable acudir al médico y que sea éste el que asigne el tratamiento dependiendo si es una infección vírica o bacteriana.
María Barquín Portillo. Sonia Díaz Giner.