Tierra desgarrada

Tierra desgarrada

(EN LA FRONTERA ENTRE GRECIA Y MACEDONIA)

Tierra de antaño recorrida, huella sobre huella.
Los pies escuchan lamentos y esperanzas milenarias.
Hoy atrapada en el séptimo círculo (y sus tres giros).
Bajo escombros yace el bar donde diariamente se encontraban.
Los enemigos de ayer ya no se los recuerda.
Grupos sin límites avanzan presurosos,
tratando es esquivar las punzantes alambradas.
No dejarán de explorar, tratarán de hacerse
originarios.
Errantes estiran sus manos por alcanzar semilla que haga germinar
su familia, imploran alejarse de mundo infértil, donde el mínimo
vecindario se debate entre la vida y la muerte.
Las fotos quedaron atrás.
La ceremonia religiosa fue en templo
de todos. Estaban felices.
Cargado a la espalda llevan el duelo de no pertenecer,
duelo que no es de pretensión ni ostentación
duelo de los deseos triturados.
Paso a paso en sobresalto.
la verdad no sostiene,
el sueño no sostiene,
es más desbastador que la realidad
que limita con el vacío.
El mercader ya no tiene forma.
Las miradas apuntan al núcleo de la luz, el silencio
En día y noche se escucha el eco de una misma oración,
que no se fragmente la ilusión,
sabiendo de la masacre de los anhelos.
Caminan con piedades imposibles de esconder,
sumidos en angustias sin tristezas,
Lo insensible sostiene el día y la noche.
La orfandad está a la vuelta de la esquina.
No hay alarido ni puñetazo contra el cielo que valga.
Cada uno aprende a canjear veinticuatro horas de caminar
por un segundo de esperanza.
El amor ha devenido una arquitectura hueca.
Madres sostienen rostro de hijos
para que no caigan al vacío.
Solo el dolor parece tener sentido,
El calor de mano pequeña acompaña a padre herido.
Cada uno se estremece contra el miedo,
y espera, espera
gesto de mano acompañante
que dibuje círculo protegido.
Lluvia, barro acompañan cuerpos desplazados
y dejan sepulcros de barro.
No hay cortejo, hay que seguir,
sin siquiera dejar una cruz testigo de la súplica de las manos de un muerto.
Si hubiera humanidad y también pan,
pero no hay pan.
Lo bandidos, con o sin uniforme,
con satanás de testigo,
se reparten monedas que
poco brillaban al atardecer.
Atrás quedaron las mañanas
camino al almacén.
Quizás nunca más las recuerden,
Será más fácil olvidar.
En sus vidas, el tiempo es anti tiempo.
No hay mayor dolor
Que el dolor sin esperanza.
No es el azar el que gobierna.

Conceda humilde ruego:
Despierta nuestro silencio,
deja que el dinero descanse su neurosis.

Compartir esto
Cargar más publicaciones relacionadas
Cargar más publicaciones de Eduardo Escalante Gomez
Cargar más en Poesía

Dejar una respuesta

Tu correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados *

Puede interesarte...

Iluminar la existencia

(emigro mis torturas)   iluminar aún más la ...

Buscador

Ediciones de Revistas