Esa palabra que solo podría usarla con tranquilidad una persona con los ojos cerrados, una persona sin recuerdos, sin pasado ya que mirando hacia atrás duele el cuello, como si no bastara con que doliese ya el corazón. Lucidez. Palabra que te taladra el oído, te quema la retina, como luz. Exceso de luz. ¿Quién podría vivir en un mundo de ignorancia teniendo a mano la sabiduría?, quién podría vivir en la oscuridad teniendo luz, ¡nadie!, pero quien quiere que la luz le ciegue, y así notar la ausencia de esta, ir más allá de la oscuridad, notar la angustia. ¿Quién quiere saber q lo q ve es negro, cuando siempre ha pensado q era blanco?, ¿quién quiere q se lo cuenten cuando el mismo puede descubrirlo? Y aún así tenemos miedo de descubrirlo por nosotros mismos, ¿por qué? Quién quiere saber la verdad cuando esta duele, nos mentimos a nosotros mismos, seguimos queriendo esa luz que no nos deslumbre. Odiamos sumirnos en la oscuridad, odiamos dejar de ver dicha luz, literalmente nos quema la oscuridad, esa luz es esperanza, y perderla se convierte en angustia. Pero aun así, Lucidez, final del túnel, salvación, pero salvación de qué, ¿de la muerte, de la mentira, de la vida? Primero nos tendríamos que salvar nosotros mismos para que alguien pueda salvarnos, pero olvidamos o no podemos olvidar al salvador, nos convertimos en destello suyo y no en luz. Lucidez. Afinamos el oído. Luz. Exceso de luz. Ceguera. Oscuridad. Angustia. Exceso de verdad, pero no de la nuestra.
Y yo me pregunto, quien quiere Lucidez cuando en vez de cuerda que te salva es cuerda que aprieta. Pero quien no la quiere.