Recojo del suelo lo poco que he podido rescatar de las ruinas. “Otro empujón y seguro que caigo yo”. Mujeres, hombres, ancianos y niños dibujan rostros desencajados, perdidos, hundidos. Una larga hilera sobre un camino polvoriento, como cola de cometa, es ahora el cielo por el que surcamos, ¿o es el infierno? El final aún está muy lejos. Los soldados vociferan y nos ordenan. Una mujer con un bebé en brazos cae agotada a mi lado. La ayudo…no hay cuidado. Cámaras de televisión nos sacan de lejos; algunas se acercan y nos preguntan. Musitamos una respuesta en silencio.
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