ES CARA A BAJO

         Una escusa para hablar de la dicotomía innecesaria de una llanta cara blanca encendida rodando en medio de la hierba crecida en ritmo final.

ES CARA A BAJO                     

Unas y Unos van por la vida a más de ciento veinte kilómetros por hora en su último modelo, entre ellos va un escarabajo marrón, que con sus mañas y adaptaciones personalizadas llega a cien, sin pasajeros. Siempre va a cien, es un templo, un portal, una nación. Los recuerdos solo vuelven en cada rojo, susurrados por espectros que le piden que sea Uno más, se desespera y pita.

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De ocaso a alba el cansancio lo detiene, no puede pegar el ojo, solo instintivo llega a su escarabajo marrón entre agrupaciones galácticas de peatones distraídos -uff- suspira él. A cien, todo cambia a nuevos matices y nuevas gamas. Por un instante se disminuye la velocidad, recuerda los ojos azules del pobre gato que vivía en la casa siguiente. Pasó una semana sin alimentarse y se comió la mitad de la cara de su dueña. Cuando sacaron el cadáver no sabía quién era, ahora mucho menos sin media cara. La falta de noche le resalta la soledad acompañada, acelera, quiere seguir el arcoíris y atropellar al duende liberándolo de su avaricia.

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Esta mañana decide ir a trabajo con falda, lo miran raro, lo silban, no pudo sentarse, su jefe lo llama de inmediato, entra a la oficina y la puerta se cierra con cien orejas. Al pasar el tiempo abre la puerta ya sin seguros, las miradas le impide caminar, el enano de contabilidad detiene totalmente su peregrinación, la sonrisa babosa lo distrae un instante sin escuchar nada, al responder de instinto dice – Me puso de gerente-  En el fondo solo suena el coro de los niños de Viena.

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Al llegar a casa, todo en el jardín estaba hecho añicos, no podía dimensionar como estaban las emociones. No puede entrar, la puerta estaba blindada, la retina no desactivaba el sistema de seguridad,  que de  seguridad estaba atrancada con una silla hecha con los retazos del muro de Berlín. Mira por la ventana mientras cientos de perdigones ingresan en sus oídos como moscas -Tú y tú escarabajo se van a la mierda-.

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Al entrar al cuarto del motel, le esperan dos bellas sirenas desnudas, que cíclicamente incrustadas se vuelven una en lo alto de la pared, se detiene y observa envuelto en sus siluetas. Afuera el destello de las cortinas, crean imágenes de un festín de pasión y euforia. No se equivocan, el zapping si provoca euforia en sus dedos hasta alcanzar el clímax al digitar el control remoto y descender hasta apagar el televisor.

Es día, es noche, es día, es día, no sabe si el techo es de madera o hay baldosa. Varios días pasan inhumanos como publicidades en el televisor, en esa habitación de amantes.

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Destellan en su mirada las llaves de su única escapatoria. Como arte de predestinación está envuelto en su armadura oxidada, otra vez a cien. Esta vez lo siente poderoso, rugiendo como una bestia ante una batalla, pidiéndole romper las correas.

Cada qué aumenta la velocidad ve las brillantes aureolas que transportan a las Unas y los Otros. En el instante que la fortaleza envuelve su ser, aumenta cada latido, sujeta fuerte las riendas, para no desviarse y presiona a fondo, consumiendo todo los fósiles del mundo. Supera esos insignificantes ciento veinte revoluciones, rompiendo la dermis natural que lo intenta detener, logra incrustarse en el ovulo de lo sublime, fecundándose en la eternidad.

ESCARABAJOMARRÓN.

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