(Por Jose Gómez)
Ishme miró hacia el ardiente sol, se limpió el sudor con el reverso de la mano y sonrió. Hoy estaba contento, porque hoy no es un día como los demás.
No es que no estuviera conforme con su día a día. Le gustaba participar en la construcción de la residencia del verano del Ensi, el rey de su ciudad-estado. Para Ishme es muy gratificante ver como ver como la construcción avanza gracias a las piedras que él mismo talla. Además, aunque es duro, es un buen trabajo y los capataces no usan mucho el látigo.
La residencia de verano se asentará sobre en un sitio fresco, con numerosos árboles, que ofrecen sombra durante los descansos, y con mucha agua. Lo cual, no es común en la tierra entre los ríos, ya que es una tierra muy cálida y con muy poca vegetación. Si no fuera por el agua de los dos ríos, el Idigna y el Buranum, la civilización sería imposible.
Ishme pertenece a los mushkenu, una de las razas esclavas. Sin embargo, ser un esclavo no es algo malo, piensa Ishme. Tienes comida, agua y un techo bajo el cual resguardarte. Además los soldados, la mayoría mushkenu, y las murallas ofrecen protección frente a cualquier peligro, ya sean bandidos o animales salvajes, a los que están expuestos aquellos que viven fuera de la protección de las ciudades. A cambio de todas estas ventajas solo hay que trabajar en lo que te dicen y cuando te lo dicen.
Pero hoy no va a ser un día normal. Hoy va a venir a visitarles el Ensi. El Ensi pertenece a la raza gobernante, los awilu. Ishme nunca ha visto ninguno, ya que suelen permanecer tras las murallas de los barrios nobles de la ciudad, a los que él no puede acceder. Se cuenta que son seres poderosos, que viven cientos de años y que son capaces de proezas como someter las fuerzas de la naturaleza a su voluntad o, incluso, llegar a moldear a los seres vivos a su antojo.
Con la emoción del día, y sin darse cuenta, ha llegado la hora del descanso de media mañana. Cuando el capataz da la orden, los trabajadores se dirigen a la zona de descanso, bajo la sombra de las palmeras, mientras que las aguadoras les llevan el agua que han recogido esa mañana del río. Después de dejar sus herramientas, Ishme se acerca a Tabni, una de las aguadoras.
-¡Hola Tabni! ¿Qué tal todo?
-Un poco agobiada. Hoy hay muchos más guardias que de costumbre, y parece que todos están sedientos – Responde Tabni.
-Si debe ser por lo de la visita del Ensi. Tengo muchas ganas de verlos. Nunca he visto un Awilu antes.
-Si son ciertas algunas cosas que se cuentan de ellos, yo no tengo muchas ganas de que vengan por aquí.
-Aguadora- grita un guardia desde la sombra de una palmera.
-Me tengo que ir- Dice Tabni.
-Bien. Te veo cuando termine la jornada- Responde Ishme.
Mientras Tabni se aproxima a los guardias, Ishme regresa a su puesto para continuar con su trabajo.
Mientras está tallando piedras para el muro norte del palacio, Ishme levanta la cabeza y ve a Tabni que se dirige a la orilla del rio. Tras ella van un par de guardias que parecen excesivamente alegres.
-Algo huele muy mal- dice para sí. No es buen momento para meterse en problemas con los guardias, ya que el Ensi no tardará mucho en llegar. Aun así, abandona su puesto y sigue a los guardias.
-Alto ahí- Le dice el capataz que se ha dado cuenta de que ha abandonado su puesto. –Voy a mear. ¿Quieres que lo haga aquí mismo?- Le responde Ishme.
Con un gruñido el capitán le da su aprobación, tras lo cual Ishme acelera el paso. La distracción del capataz hace que Ishme pierda de vista a los guardias. Sin embargo, decide seguir andando.
Cuanto más se acerca al río, más vegetación encuentra y más difícil es avanzar. Cuando por fin se da por vencido y se dispone a regresar a su puesto, oye le grito de una mujer. Rápidamente se pone a corren en la dirección del grito. Al final, llega a un claro en el margen del rio, donde uno de los guardias sujeta a Tabni por detrás, el otro lucha con la mujer para levantarle la túnica.
Sin pensárselo dos veces, Ishme coge una piedra y golpea al primero de los guardias en la parte de detrás de la cabeza. El segundo, al darse cuenta de lo que pasa, suelta a Tabni y se dispone a sacar su espada. Rápidamente, Ishme agarra sus brazos y comienza a forcejear con él. El guardia está entrenado para el combate, pero el trabajo en la talla y transporte de piedras ha hecho de Ishme un hombre fuerte. Al final Ishme consigue empujar el filo del arma hasta el interior del abdomen del guardia.
En ese momento escucha un ruido detrás de él. El segundo guardia comienza a recuperarse. Ishme, sin pensárselo dos veces, ataca al guardia apoyando todo su peso en la espada. Este aturdido, no consigue esquivar el ataque y termina ensartado en la espada que empuña Ishme.
Cuando la excitación de la pelea desaparece, Ishme ve a los dos guardias muertos a sus pies y a la muchacha aún aturdida por lo que ha pasado.
-Ayudame- le dice Ishme a la muchacha – Vamos a tirar los cuerpos al río antes de que los vea alguien.
Entre los dos levantan el cuerpo de uno de los guardias y lo llevan hasta el río.
Después de tirar el primer cadáver al río, regresan a por el segundo, pero su plan se viene abajo cuando un guardia grita – Alto-. Una patrulla que peinaba el margen del rio los ha visto mientras levantaban el segundo cadáver
Entonces el pánico se apodera de ambos, así que, después de soltar el cadáver del segundo guardia, echan a correr.
-Con lo bien que había empezado el día… -Comenta Ishme para sí mismo, mientras Tabni y él intentan escapar entre la vegetación de la rivera.
–Quizá si nos alejamos lo suficiente de la ciudad conseguiremos despistar a los guardias- Comenta Ishme- Y luego… ya veremos.
Ambos oyen gritos delante de guardias a su alrededor.
–Nos están rodeando- Dice Tabni.
Cuando llega a un claro en la vegetación dos guardias les están esperando. Tabni esquiva al primero e Ishme enviste al segundo, mandándolo al suelo.
Parece que van a escapar, sin embargo Ishme recibe un empujón, que logra desequilibrarlo y lo manda al suelo.
Aún aturdido consigue levantarse. Ve que Tabni se ha parado y mira aterrorizada algo a su espalda. Cuando se vuelve, lo que ve le hiela la sangre.
Ante ellos se alza un ser enorme cubierto de un pelaje parduzco. Tanto el torso como las extremidades superiores son humanos, pero las extremidades inferiores y la cabeza son de un toro. El ser, que lleva una armadura y un látigo, gruñe mientras se acerca a Ishme.
-¡O dioses, es un wardu! -susurra Tabni.
–Vete de aquí- Le grita Ishme –¡Fuera!
Mientras Tabni se aleja corriendo, Ishme enviste al wardu con todas sus fuerzas. Pero chocar contra el wardu es como chocar contra un muro de piedra.
Ishme cae al suelo delante del wardu. Entonces este le coge por el cuello y le levanta por encima de su cabeza como si fuera un muñeco de trapo para, a continuación, dejarle caer de espaldas con todo su peso. El golpe es tan fuerte que Ishme se queda sin respiración. Después le da una patada en la cara con su enorme pezuña con tal fuerza que casi queda inconsciente.
El wardu busca con la vista a la muchacha, sin embargo esta ha desaparecido en la vegetación del margen del rio. Entonces, después de emitir un gruñido, coge al esclavo fugado y lo carga al hombro para llevarlo a la zona de la construcción.
Tras una corta caminata, el wardu suelta a Ishme en el suelo. El esclavo, aún aturdido, levanta la mirada, y ve un palanquín sostenido por cuatro altas figuras embozadas en largas túnicas negras con una capucha que oculta sus caras. La parte inferior de las figuras está cubierta por la túnica, sin embargo, una ráfaga de viento levanta una de ellas dejando al descubierto una masa de tentáculos donde deberían estar los pies.
La visión de estos seres hace que el miedo atenace el corazón de Ishme.
El ocupante del palanquín da una orden y las cuatro figuras hacen descender el palanquín hasta el nivel del suelo.
Entonces, el rey de la ciudad-estado baja del palanquín y se acerca a Ishme.
El Ensi es un individuo con una barba cuadrada y rizada, que lleva un sombrero metálico con forma cilíndrica. Es mucho más bajo de lo que había supuesto Ishme, ya que apenas alcanzaría su pecho si se pusieran de pie uno al lado de otro. Sin embargo, su mirada delata una vasta inteligencia fruto de la experiencia que dan los años y… de algo más.
-Nunca pensé que un esclavo osaría matar a dos de mis guardias e intentaría escapar, el mismo día que vengo a visitar las obras de mi palacio- dice el Ensi con un tono casi jovial-¿Tienes nombre esclavo?
-Ish..me- Le responde a duras penas el esclavo.
-Bien Ishme. Sabes que el castigo por matar a un guardia es la muerte. Sin embargo, has conseguido derrotar a dos de mis guardias y casi consigues escapar. Si no fuera por la intervención de mi fiel Ubar, lo habrías logrado- dice el Ensi mientras hace una señal a los guardias, que inmediatamente se acercan al esclavo y le agarran de los brazos.
-Como no quiero desperdiciar un espécimen tan interesante como tú, no ordenaré que te ejecuten, pero tu acción no puede quedar sin castigo. Ya veremos qué utilidad puedes tener- Entonces dirigiéndose a los guardias que sujetan a Ishme, ordena -Llevadlo a las mazmorras de palacio.
-Con lo bien que había empezado el día…- comenta Ishme para sí mismo, mientras dos guardias se lo llevan a rastras.
Este relato está basado en el mundo del juego de rol de La Puerta de Ishtar.