Lejos del mundanal ruido.
Donde no alcanza la luz
Y murieron las estrellas,
Se pierde la oscuridad.
Entre un deseo incumplido
Y un miedo sin formular,
Se desliza entre mis huesos
Y me impide caminar.
Tras de cada escalofrío,
De las ganas de llorar,
Se esconde aquel vil demonio
Que me sigue sin parar.
De mi blanca alma se nutre,
Roba todo aquello, y más,
Que cree suyo cada noche,
Y me aterra contestar.
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