NO ES CUENTO
El estruendo del cohete anuncia el inicio de la fiesta del pueblo. Taca-tacán, taca-tacán, taca-tacán, vibrar de platillos y trompetas, hombres mascarados, vestidos de colores, disfrazados de tigres bailan, en las manos machetes que simulan la batalla; entran a la iglesia con inciensos. La Virgen, testigo callado. Juegos pirotécnicos, taca-tacán, taca-tacán, taca-tacan.
Feria de Tecoanapa (tigre en el agua).
Saúl se divierte. Disfruta la feria de su pueblo, mañana inicia en la escuela normal superior, quizá podrá graduarse y ser el orgullo de su madre.
Saúl llega eufórico a su casa donde su madre lo espera.
– Mamá vas a ver, te voy a sacar de trabajar –.
Su madre lo abraza, le besa la frente, el mar en sus ojos.
Varios días después, Saúl llega alegre a la escuela, en la explanada central ve a su amigo Luis.
–¿Como estás Chicharrón, así que tu también entraste?, invita al desayuno –.
Chicharrón es el apodo de Saúl.
–Está bien, yo invito hoy y tú mañana, estoy bien contento–.
–¿Y eso?, ¿te hizo caso Raquel? –.
–No, aún no jejeje. Estoy bien feliz, pude inscribirme en esta escuela, siempre fue mi sueño ser profesor–.
– ¿Neta? –.
– Pues la verdad sí, mi inspiración fue el profe Manolo y también me gustaría ser presidente municipal–.
– Jajajajajajaja, inche chicharrón, hoy si te la volaste, jajajaja Saúl el Chicharrón para presidente, jajajaja. Ya tengo tu slogan: nunca he robado, denme la oportunidad, pero de robar también jajajajaja.
– Viejaaa, viejaaaa, me aceptaron, ya tengo el trabajo de policía, mañana comienzo.
– Qué bueno Claudio, ya con eso tendremos dinero para pagar la deuda de la casa para que no nos la quiten –.
Era admirable el ritual con que Fabiana camina a la mesa donde está el uniforme, el cuidado con que lo agarra y plancha con suma delicadeza. Con qué orgullo lo portará Claudio, pensaba.
La voz al teléfono indicó al Bravo el lugar de la reunión. Le entregan la fotografía del objetivo. Encuentra a la víctima fuera de un centro comercial. La localiza fácilmente. Una ráfaga de balas en la puerta del auto fue suficiente.
Una señora que está con su hijo en un auto a escasos metros de los hechos observa todo. El niño pregunta:
–¿Mamá qué fueron esos ruidos? –.
– Son disparos hijo–.
– Menos mal, creí que eran cohetes–.
En un arrebato llama a la policía y reporta lo sucedido.
En la comandancia, Claudio recibe la llamada, se desplaza al centro comercial, encuentra el cuerpo sin vida y al sicario, quien sin oponer resistencia, es aprendido. En la comandancia lo espera su jefe.
– Entrégame al detenido, lo trasladaré a la fiscalía –.
En menos de dos horas el comandante regresa con la lamentable noticia, El Bravo se ha fugado.
En su casa Fabiana lo espera con noticias tristes.
– Mañana nos quitan nuestro hogar si no pagamos cuarenta mil pesos, tienes que hacer algo –.
–¿Quééééé? Si gano tres mil a la quincena, ni que junte todo el año, ¿y qué vamos a comer?, voy a hablar con el comandante para que me preste dinero.
– Buen día comandante, necesito su ayuda…–
– Aquí en la comandancia no tenemos esos apoyos amigo, pero hay una forma en que puedo ayudarte, voy a hablarle a alguien que se porta muy bien con nosotros –.
Enorme es todo lo que esta frente a sus ojos, resalta el verde inteso del césped, el ruido de la cascada que cae sobre la alberca y las esculturas de piedra inmensas. Se sorprende al mirar que la hacienda esta custodiada por unos guarros que tienen en las manos fusiles de grueso calibre.
Su asombro fue mayor cuando escucha su nombre.
–¿Cómo estás Claudio, como está Luisito y Fabiana? –.
–Buenas tardes señor, bien bien, pero como le explicó el comandante ando en un problemon –.
– No sigas muchacho, no tienes que explicar, ahora traen el dinero te voy a ayudar con lo que necesitas y unos miles más; compra unos regalos a la familia –.
Una mezcla de nerviosismo y temor se apoderan de Claudio, al darse cuenta de quien trae el dinero es el Bravo. Claudio toma el dinero. Saúl y Luis se encuentran en la escuela cuando llega Bernardo a invitarlos a una marcha en la ciudad de México, ambos le comentan que no pueden asistir, no tienen dinero, Bernardo explica, que ese no es problema, que hoy irán a la terminal a tomar a la fuerza unos camiones y harán acciones de boteo en Chilpancingo para recaudar fondos.
A las 13:00 horas ya estaban en la terminal donde tal como estaba planeado se apoderan de los autobuses. Fue un éxito.
Claudio recibe una llamada, la voz es inconfundible, –Dígame comandante en que puedo servirle–.
– Hay unos pinches estudiantes, que le están causando problemas a nuestro amigo, chíngate a unos y a los demás se los entregas a el Bravo –.
– Pero jefe solo son estudiantes –.
– Las órdenes no se discuten Claudio piensa en Fabiana y en Luisito –.
– Yo me encargo –.
En la calle Juan N. Álvarez va el camión en el que viajan los estudiantes, una patrulla les cierra el paso, desciende Claudio con su arma lista, dos estudiantes con piedras en las manos corren hacia él, no hay tiempo de pensar, dispara contra los jovenes. Los mata.
El Bravo y otros llegan al lugar, bajan a los alumnos, los trasladan a Loma del Coyote, están “el peluco”, “el terco”, “el chavo” y “el cepillo” para ayudar al Bravo.
–Amárrenlos a todos, cinta en la boca y los echan en la parte de atrás de la camioneta, y a quien ponga resistencia le dan piso –.
Las órdenes se cumplieron, el espacio en la camioneta era reducido, están uno sobre otro, Saul mira a su amigo Luis, apilado, amarrado, se mueve con desesperación, su rostro amoratado debido a la falta de aire, el pánico se apodera de Saúl cuando Luis muere.
La camioneta se detiene en el basurero de Cocula, donde los bajan.
– Se nos murieron seis, – le comentan al Bravo.
– Desnudénlos a todos vivos y muertos –
Saul piensa en su madre cuando una bala perfora su cráneo.
–Quémenlos– sentenció el bravo.
En Tecoanapa, en el interior de una casa de cartón a un costado de una chimenea de leños encedidos, se encuentra una madre de rodillas en el piso de tierra, hincada frente a una cruz antigua heredada por sus abuelo. Hace una plegaria: Tú que todo lo puedes, cuida a mi hijo, escucha mis palabras humildes, mi corazón lo siento chiquito, el dolor es muy grande, Diosito ayúdame para que Saúl regrese a casa.
Recuerda el último abrazo, el beso en la frente. Ahora el mar en sus ojos incesante.