«Ayúdame a caminar»- eso me decían los gestos de tu cuerpo a primera vista-
«Ayúdame a caminar»
Te cambio unos pasos en el camino por tu sonrisa sonora. Déjate llevar por mis manos y mis brazos que serán tuyos hasta no volver a verte.
Son tus ojos de gato bañados en lágrimas los que hacen que te ofrezca mi pecho para conciliar tus sueños. La debilidad de tu pequeño cuerpo la que hace que caminemos juntas. Es la alegría que te provoca el agua la que me hace feliz ducharte, y llevarte a la cama arropada entre mis brazos con la toalla. Es el conjunto de sonidos básicos que salen de tu boca, exentos de palabra, los que hacen que la risa y el llanto tengan realmente su verdadero significado.
No hace falta que me digas que necesitas mi cariño para dártelo desde el primer momento que te conocí. Tus sueños conducen a los míos a tu lado, y tu despertar entre pedorretas no sabría decir si es mejor que tu forma de irte a dormir entre besos. No sabía que tenía guardados tantos besos para regalarte. No sabía que me llegarías tanto al corazón como para jamás olvidarte.
Siento no saber tus apellidos y que entre nosotros te conozcamos como «Sofía- Síndrome de West». Siento que esto haya sido tan pasajero como el relato aquí escrito. Pero quiero que no se olvide nunca que no soy yo, sino que eres tú, enana, la que me ayudas a mí a caminar.