Ellos usan cartas,
ellos usan pañuelos
y algunos otros elementos.
Ellos también usan el cuerpo para transformar todo lo que veo.
Pero ahora te cuento bien el cuento.
El usa su alma para hacer la magia,
y es que al final no me importa cuánto se transforma
sino cuanto amor le pone a su obra.
El hace magia con sus propias cartas,
las que tiene en el alma, y quizás no te das cuenta,
sólo pocos pueden ver la verdadera esencia,
la genuina magia que hay en estas palabras.
Le pido al universo no perderme nunca de este cuento de sombreros y desvelos por un sueño.
Que cada día la magia se convierta en la emisaria de tanta audacia.
¡Uy! Es que no sé de qué me cuelgo para decir este verso un poco efímero,
tan poco optimista para este día.
A veces me cuesta integrar que la magia está en su alma.
La magia es eterna como la buena vibra de una tarde en que el sol brilla.
La magia es eterna como la risa de un bebé en medio de un mal día.
La magia es eterna, si, como la melodía de un Blues de los 90.
Con esa nena, si, vos sabes, la brasileña, la coqueta.
Y si, en el bar donde escribo esta reseña,
en el bar que no condena,
y donde la birra nunca pero nunca se calienta.