El corazón se achica por piedad

No era su sonrisa, tampoco lo fue su dar
no hubo amistad, rose ni piedad
“a dónde vamos flaca?” le gustaba  preguntar
siempre supo la respuesta,
a vivir  y nada más.

Observar la naturaleza era parte de ese plan,
las estrellas radiantes buscando a quien alumbrar
las nubes a quien ocultar,  la luna en quien confiar
el pasto húmedo a quien refrescar.
“¿Lo ves? Sola no podes estar”  quiso acotar.

Nunca entendió que el silencio es paz
y no incapacidad, ni malestar.
“El problema no es que no hables,
el problema es que tampoco actúas”
Él creía tener razón, que el problema era yo.
“El problema es que esperas lo que no te puedo dar”
fue propicio contestar,  optó por callar.

“Los árboles en puntas de pie para  tocar el cielo…
así es mi anhelo por tu amor sincero,
espero entiendas que no es un juego.
No obstante, entiendo  no lo merezco”
¿Qué fue eso? Aún no lo entiendo,
¿no eras vos un frío hielo?
“nada se destruye, todo se transforma,
estoy flotando en cierta forma”.

Miré la hora,
“¡Uf! ¿Hora de lamentarse y llorar en soledad?” preguntó.
Que insípido me pareció  “la soledad es para los desolados,
yo estoy sola y conmigo” contesté.
“No lo dudo, así sos vos, fuerte de alma no de amor”.
¿No de amor? ¿Qué sabes? Superficialidad es lo que ves.

“Veo lo que me dejas ver, siento lo que no conoces
sueño lo que no imaginas, anhelo lo que nunca tendré
espero lo que nunca darás, lloro lo que nunca sabrás
escucho lo que nunca dirás,  miro a quién no me mirará. “
Inclinó hacía bajo la cabeza, tiró la cerveza,
agarró su campera y se fue.

Ese día me faltó capacidad, hoy me falta una oportunidad.
Nada que no se pueda remediar con un
whisky y algo más, un lápiz y un papel quizá.
Algún día lo diré, e inclusive mostraré
que si entendí  conocí  y sentí
esa fuerza sobrenatural del amor que invade
el miedo, aniquila patrones, morales
y da lugar de expresión al corazón
hambriento de verdades.

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