El frío me alcanzaba hasta los huesos
mojados por la lluvia de mi camisa
calada. Y el viento en mi nuca pisa
partiendo con aquel dolor putos sesos
inútiles, con trombos, rotos y espesos.
La idea de tus labios. Crea mi sonrisa
tan cálida, tan tierna. Pero tan aprisa
se viene como aprisa se va. Inexpresos
los ojos que arranqué. Clavé fuerte
rodillas en el suelo y lloré tu ausencia
quería volver a tu pecho. Verte.
Una paloma me devolvió la suerte.
La culpa te acusa a ti y no a mi demencia.
Soneto que no importa es del todo inerte,
pues a todos nos augura la muerte.
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