Motivo II
Porque eres la chica del fondo.
La del vestido negro y tacones de vértigo,
A la que se le sale el corazón de pecho
Y desborda imaginación por los ojos
Y ganas por la boca.
Eres la chica de la barra.
Apoyada en un vals, sujetando una copa
De algo parecido a alcohol mezclado
Con miedo y un poco de deseo.
Eres la chica sentada en aquel taburete.
La que canta en silencio, sueña más despierta que dormida
Y está bailando esa canción que suena de fondo
Mientras tú la miras y te muerdes el labio de abajo
Pensando que debería mover las caderas,
Pero en tu cama.
La chica que pide otra copa.
La del cuerpo lleno de cicatrices escondidas
En esa sonrisa misteriosa
Que deja entrever que es más de morir de amor
Que de vivir sin él.
La chica de ahí, a la que alumbra la vela apagada.
La que juega con su pelo y tus ganas,
La de los labios rojos que deja huella sin tener que pisar,
Ésa que tiene el invierno en la garganta
Y la primavera en los tobillos.
La chica del fondo, la de la barra,
La que está sentada en el taburete,
Ésa que pide otra copa,
La chica que desprende luz sin necesidad de velas.
Ésa, ¿la ves?
La que mira al fondo de la copa
Como buscándote,
O buscándose,
O queriendo encontrar un futuro,
Aunque sea incierto.
Le han crecido las uñas, el pelo y la rabia.
A la chica esa, la de la barra,
La de los tacones de vértigo
Y la prisa por quererte:
Le puedes arrancar una sonrisa en el vértice de la calle mayor
Si sabes cómo convencerla
De que el Universo de tu espalda está
A la vuelta de la esquina.
La chica esa, la del fondo,
La del vestido negro que no deja de bailar
Sin mirar alrededor,
Sin pensar en que ahora su pelo está más rizado que hace una hora
Y que le duelen un poco más los pies
Que el corazón.
Porque ya sólo estás tú. En todas partes.
Oniria.