Llámame loco si ello incita tu juicio.
Encuentra lamentos en las lágrimas
de los cocodrilos, que, hambrientos
de locura, exhiben sus almas rotas.
Llámame absurdo si con ello te superas.
Allá donde la calma destroza
las promesas de ruidos sordos,
y el viento mece los frágiles
restos de mi alma rota.
Pues ni la relatividad del tiempo
me es suficiente para vivir mi vida.
En el absurdo caos que ello incita,
de cascabeles y venenos punzantes
Entrando por mis estreñidas venas.
No es más que un cuadro.
Me susurraban los trajes,
de piel de cordero.
Solo un oleo aun fresco
mostrando su descarado talento.
Solo una escena de pánico,
simulada por simios.
Solo campos de hojalata
contaminando el rio,
Que mece sus aguas
por oscuros senderos de pánico.
Solo… solo siento el alma.
Ya que no encuentro
un odio que me llene por dentro,
Que vacíe mis entrañas
Y sienta la quemadura de un tiempo,
que no entiendo.
Solo la locura de un cuerdo
que sueña que ya no hay alba.
Solo miseria y pena,
alimentando la fabula
de una vida sin miserias,
ni ira, solo calma