Corrientes. Nubes de polvo perdidas,
gritan, chocantes vibrando en vendaval.
Lluvia resbala gloriosa pero no se asimila,
no hay tierra tan honda que la sepa amar.
Esquivas, pasan torcidas mil hojas marchitas,
gimen, quieren poder olvidar, no saben
que en cada gota pudo llorar su amor.
Nulas, migran como apagadas aves cualquiera,
en su color tenue se reflejó una sucia verdad,
todos marrones movidos, entrelazados
a rojos ambiguos y sudorosos grises./
No hay más…
sólo es tiempo triste que no sabe andar.
M. D. Treplev
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