Mirándome en tu mirada,
llorando por tu alegría
y riendo,
deseando a mi deseada,
las noches tristes…los días
y muriendo.
Atrás quedaron conciencias
y caminos angostados
sin retorno.
Atrás quedaron esencias,
gritos desproporcionados,
solo adornos.
Y proyectos flagelados
y estériles existencias,
controladas,
y sentimientos robados
y con las concupiscencias
amputadas.
Aquello que fue no ha sido
lo que ha sido no es aquello,
traicionando,
lo que tuve ya se ha ido
lo que tengo ya no es bello
defraudando.
Pero un céfiro de estío
que inunda mis soledades
silenciadas,
inspira mis desvaríos,
conforta mis realidades
tan amadas.
Y tiemblo ante tu desnudez
que se enfrenta a mi inocencia,
pecadora,
consuelo de mi bisoñez
que desborda tu paciencia
redentora.