Voló el llanto,
voló el llanto con la suave brisa del verano.
Las flores ya se abrieron,
el sol ya se puso
y voló el llanto,
voló.
El recuerdo calcinado en la memoria,
embellecido por el tiempo
no resurgiría de su descanso.
Voló el llanto,
¿para siempre?
Volvería con noviembre,
el café de la mañana
y el cine de tarde.
Pero nada es perpetuo,
el sol volvería a ocultarlo,
con la más dulce de las canciones
y la suave brisa de verano.
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