Nosotros,
tu vida y mis adentros,
en soledad erguidos entre el plomo y la materia.
Dolientes,
las ansias que perdimos rogando geometrías,
se buscan,
te llaman,
ruegan labios por aristas.
Y ella,
la voz en el desvelo,
tu nombre inexistente que gritando exhorta
de mi vida
su vida reclamada.
Demasiada materia:
la pena nuestra doliendo su influencia;
la pena tuya, me abandona.
Llorando seco, llorando sólo: la pena mía.
Huyendo pronto, la noche ya.
Mi cuerpo descanse hondo, (sus sueños de carne lejos)
y en sueños la muerte dé,
ojalá,
carne nueva para ti.
Si nada para amar,
muriendo-morir…
Y tu vida en mis adentros.
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