Una vida en Ruedas

Sentado en la cama, Samuel miraba sus pies suaves y robustos con las venas salientes, y una imagen perdida le vino a su mente, su último viaje a la cordillera Huaguruncho, en Perú, como ciclista de montaña. Se estira en la cama virando su cuerpo hasta tocarse  la punta del dedo, un juego que hace con su cuerpo hace años; sorprendido descubre que en esta ocasión lo ha conseguido. Piensa muy compenetrado en su dolor: “Me estaré encogiendo… mis pies siempre fueron más largos y mis huesos muy dichosos como si nada los pudiese partir. ¿¡Será que algún día veré regresar mis pies ágiles y fuertes?!…”

¡Qué dolor siento por perder esta mi libertad y pasión! – hablaba así Samuel con su interior.

Entonces, parado en su bicicleta, una visión magnífica le recordó su viaje a Huaguruncho hermosa cadena montañosa solitaria ubicada en los andes orientales del Perú. Sus pies y cabeza estaban en ese momento en sintonía total y mostraban bien el camino de regreso a casa. Hasta se podía dar el lujo de contemplar la belleza del camino, alimentar su interés por el mundo verde y las energías que le brindaba. Estar atento a la velocidad, y su estrategia en mantener sus ojos en la línea del horizonte apreciando cómo ella se confunde entre cielo, el ambiente y el hombre.

El viento y su resistencia física era su mejor sensación en sus aventuras como ciclista de montaña.

Tenía apenas cincuenta y ocho años, tres hijos, un casamiento de veinte años y por suerte  su mujer y madre aún hacían parte de su vida. Las pérdidas de memoria se habían hecho muy frecuentes y a ellas se sumó una pérdida significativa de peso sin razón aparente.

Fue entonces que decidera enfrentar el Diagnóstico Final. Llamó a su hijo mayor, Mario , para que le acompañara. El tenía una relación muy afectuosa y llena de confianza con él, había heredado su mejor lado, la capacidad de ser oportuno. Mario  desde muy pequeño sabía decir las palabras adecuadas al momento. Al lado de su mejor aliado saber los resultados finales de los exámenes lo dejaba más calmo.

Los resultados fueron claros; estaba en el inicio de la enfermedad de Alzheimer. Le fue sugerido el internamiento por un año  en la Villa El Compás y hacer una experiencia de terapia familiar usando una técnica innovadora. El juego de los temperos, estrategias para activar las memorias olfativas.

Samuel sintió un ligero atontamiento y un fuerte dolor en su pecho lo derrumbó en su silla de ruedas. A pesar de estar preparado para el internamiento y de que le agradaba bastante la Villa, la angustia de saber que su vida como ciclista de montaña llegaba a su fin lo inmovilizó de la cintura para abajo y la ansiedad le cortó su buena respiración, fruto de su buena preparación física a lo largo del tiempo. Mario  tomó su iniciativa abrazando a su padre tan fuerte que lo consiguió levantar de la silla y las lágrimas de  su hijo , por suerte, Samuel no las vio correr por detrás de sus hombros con mucho dolor.

Cuando Samuel abrió la  puerta central que da para los jardines de la Villa El Compás, sintió una paz maravillosa. El lugar le recordó un momento maravilloso: su primer viaje con Inés, su esposa paciente, y la forma como ella saboreaba el helado de chocolate y menta lo deja feliz por unos instantes.

Fue entonces cuando ambos decidieron comer juntos el helado preferido por Inés.

 Quiero – dijo Samuel – guardar algo bueno en mi estómago y olvidar por momentos que  tengo una enfermedad que me robará tu linda sonrisa, hijo…

Padre, el día  está muy agradable, hoy vamos a tener un día para recordar, apenas aquí y ahora y  eso ya vale mucho la pena, ¿verdad?

Claro, hijo, por lo menos hoy vamos y ya me siento bien comiendo este cremoso helado de menta sobre chocolate. ¡Qué grande sorpresa, no pensé que me gustase tanto!

La familia de Samuel había aprendido mucho con él sobre cómo planear el futuro, pero sobre todo, cómo vivir el presente con las cosas buenas que aún restase. Vendieron la casa de campo para poder cubrir bien los gastos de la Villa El Compás y las terapias que tenían como base un estudio interesante llamado “el juego de las especies y sus temperos aromáticos”. Según algunos especialistas, esto podría ayudar mucho. Activan las memorias olfativas, algo muy motivador para todos aquellos que son diagnosticados con Alzheimer en el inicio de la enfermedad.

Ya en casa, Vicente cuenta a su familia que el juego de los temperos aromáticos parece ser  muy productivo y divertido.

– Te tapan los ojos y colocan el recipiente  con un plato típico de la región de La Villa El Compás, te acercan bien el aroma para tú poder descubrir de cuál se trata. En caso de que lo descubras, tienes derecho a un curso culinario gratis para confeccionar tus platos favoritos. También tiene otro beneficio: recordar momentos buenos y alegres a partir de la memoria  de los olfatos.

El sol estaba muy agradable y radiante, se había colado debajo de su puerta. Los rayos de sol y los focos de luz avisaron que su madre y esposa estaban llegando con sus otros dos hijos, Rita y Augusto.

Samuel les pidió que lo esperasen en el café Las Gardenias, en el patio de la Villa El Compas.

 Vamos a tomar un buen café con biscochos de canela que van ayudar a recordar la subida a Huaguruncho. Seguro que las gardenias, las preferidas de Samuel, van ayudar a  reavivar los fantásticos momentos sentados en la mesa de la casa del campo cuando los niños eran pequeños, y entre risas y recuerdos los temperos y el olor del mundo verde nos harán sentir vivos en este mundo perdido de aromas y sentidos – le dice Inés a Samuel.

El olor a las gardenias hace que todo vuelva sin miedo.

T

         

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